Consejos prácticos para aumentar tu BIENESTAR y evitar el DESGASTE EMOCIONAL

CÓMO AUMENTAR TU BIENESTAR Y EVITAR EL DESGASTE EMOCIONAL

¿Qué significa para ti bien-estar?

Somos mente, cuerpo y espíritu, tres dimensiones, aunque escuchemos más lo que nos dice la mente una y otra vez, con las mismas palabras y las mismas imágenes que representan nuestra realidad, o, mejor dicho, nuestra interpretación de esa realidad.

Para algunas personas estar bien significará tener salud, trabajo, y una vida que te permita darte algún capricho de vez en cuando. Para otras incluirá una pareja y familia. Y para otros significará simplemente la ausencia de problemas. Como ves, muy subjetivo y muy relacionado con tus expectativas.

El padre de la psicología positiva, Martin Seligman incluye varios elementos más en el «estar-bien», ese que nos lleva a la felicidad:

  • emociones positivas: placer, confort, cariño.
  • conexión con algo que disfrutes tanto que fluyas.
  • una vida con sentido y compromiso con algo más grande (religión, voluntariado, política, naturaleza)

En definitiva, una vida en la que te desarrolles como ser humano, que disfrutes y en la que estés conectado con tu entorno y con un propósito que vaya más allá. Una vida satisfactoria para tus propios valores y estándares.

Ahora, reconocer esa satisfacción va a depender del estado emocional en el que te encuentres. No piensas y sientes igual el día que te sientes bien, que un día que sientes tristeza o enfado.

Un estado de bien-estar se construye partiendo del autoconocimiento, de saber qué hace que tú te sientas bien, que mantengas una relación con el entorno satisfactoria, y que sepas reconocer qué es eso que le da sentido a tu vida más allá de lo material, de lo concreto. Eso que te llevarás al final de tu vida contigo.

Por esa razón, muchas personas se preguntan a cierta edad, la llamada crisis de los 40 o de los 50, qué le da sentido a su vida, o si quieren seguir haciendo lo mismo a partir de esa edad, en esa segunda parte.

Saber que estás haciendo lo que quieres o elegir cómo disfrutar al máximo de la vida que llevas, consigue que te sientas bien contigo, que estés en equilibrio, en paz.

¿Procrastinación, pereza o costumbre?

A medida que pasan los años vamos pasando por diferentes etapas personales y profesionales. Saber encontrar eso que necesitamos para estar bien lleva tiempo y reflexión.

Se trata también de actitud, de saber aceptar lo que no podemos cambiar sin culpar, sin resistirnos, de la mejor manera posible para conseguirlo.

Y, por otra parte, también se trata de hacernos responsables de lo que sí podemos mejorar en nuestra vida, manejando esas emociones que, a veces, ralentizan o entorpecen el proceso.

A menudo queremos otra cosa diferente, aunque hacemos lo mismo una y otra vez.

Y entonces empiezan las preguntas, las dudas, la sensación de bloqueo.

El cambio nos cuesta.

El cerebro está hecho para seguir una rutina que le cueste poca energía y puede interpretar el cambio como una amenaza a esa comodidad. Se pone en alerta y adopta diferentes actitudes, como ya vimos en el artículo sobre cómo adquirir buenos hábitos.

Y recuerda:

Tu cerebro tiende a enfocarse en lo negativo.

Sí, por supervivencia, necesitó estar atento para correr o paralizarse cuando hacía falta.

Pero ahora puedes descansar, nadie te ataca de forma constante.

Puedes dejar de juzgarte y hacerlo con los demás.

Por eso es importante entrenarte en poner el foco en lo positivo, en dar y darte una palmadita, en celebrar tus pequeños o grandes logros diarios.

¿Cómo te sientes cuando recibes un cumplido o una palabra amable?

Todos necesitamos feedback positivo, (en un ratio de 3 por 1, nos dice Seligman) nuestro cerebro se relaja, nuestra autoestima y confianza crecen.

Nos sentimos mejor, trabajamos más relajados, con mejor disposición, y creamos relaciones más productivas.

  • «Por fin, estoy haciendo algo bien, me lo reconocen, ¡qué alivio!»

¿Qué tal si empiezas hoy contigo o con alguien cercano?

Conseguir estar-bien es un proceso que dura toda la vida y requiere de un entrenamiento diario.

¿Cómo de responsable eres de tu bienestar y el de tu entorno?

Hay estudios que reflejan el hecho de que cuanto menos responsable te sientes, más crees que la suerte es un factor importante en tu propio bienestar y tu felicidad.

Si, por el contrario, te consideras responsable de tu propio bienestar y tu felicidad, te sentirás con más poder y podrás encontrar más herramientas para conseguir ambos.

Se trata de dos perspectivas y dos actitudes diferentes: aquella de víctima de lo que te sucede y la más proactiva que busca y aprende cómo conseguir lo que necesita. Una más pesimista y otra más pesimista, una más conformista y otra más inconformista, una más pasiva y otra más activa.

 

Soy responsable de mi propio bienestar.

Recordemos que el cerebro es vago por naturaleza, le gustan las rutinas y le cuestan los cambios, a menos que le ofrezcas una posible “recompensa” que le motive. De esa forma, aceptará una nueva rutina como buena para conseguir esa meta final.

Tener en cuenta el ambiente en el que has crecido, has aprendido y has ido estableciendo tus propios valores y tus creencias ante la vida, en su mayoría de forma inconsciente, es también esencial.

Si ante una dificultad o un reto, te dijeron que te conformaras y aceptaras la situación, probablemente decidiste que debía de ser así, incluso es posible que aceptaras alguna etiqueta o calificativo a cambio y decidiste que no se podía ganar siempre.

Si, por el contrario, tu entorno promovió el aprendizaje continuo a pesar de los errores, te hacía preguntas en lugar de imponerte etiquetas o juicios improductivos, tu tendencia haya sido la de seguir aprendiendo y trabajar por conseguir lo que quieres.

O, tal vez, tu pasado sea una mezcla de algunas de esas situaciones.

En cualquier caso, y gracias a la neurociencia, hoy sabemos que el pasado no es excusa porque el cerebro continúa siendo plástico, es decir, puede seguir aprendiendo y creando nuevas conexiones neuronales hasta el final de nuestros días, como apunta la neurocientífica Sandra Jurado.

Por esa razón, es muy gratificante pararte a observar cómo reaccionas, cómo piensas, cómo te cuentas lo que te ocurre, y cuál es tu reacción más común.

En resumen, ayuda mucho conocerte mejor para entender cuál es tu tendencia y tus patrones, esos que te alejan o te acercan a tu propio bienestar.

De esa forma podrás elegir los que más te convienen y desechar los que entorpecen tu avance y tu crecimiento.

 

¿Sabes qué emoción reduce tu energía y tu bienestar con más frecuencia?

  1. ¿Enfado?

  2. ¿Miedo?

  3. ¿Tristeza?

Las emociones determinan la calidad de las relaciones a nivel personal y laboral, la calidad de la comunicación, de las decisiones que tomas bajo una emoción u otra muy distinta, cómo te sientes; en definitiva, cómo respondes a los retos diarios.

Cada emoción contiene un mensaje muy distinto, ser consciente del mismo reduce el desgaste de energía que supone.

Si además reconoces qué dispara cada una de ellas y entiendes por qué, serás capaz de empezar a manejarlas.

Ser conscientes de cuáles son los disparadores de esas emociones, de aquellas con las que te sientes bien y de las que te llevan a lugares que no quieres transitar, harán que te conozcas mejor, te entiendas más y seas capaz de hacer lo mismo con otras personas.

A veces, te frustras, o sientes un bloqueo, y no entiendes por qué o cómo seguir adelante. Pararte y buscar ayuda es el primer paso para evitar el desgaste emocional y sus consecuencias (bloqueo, conflicto, ansiedad, estrés).

Cuando observas y profundizas en tus emociones, tus reacciones y que hay detrás de todo ello, entiendes de dónde vienen y de qué te están «protegiendo».

Afortunadamente, la inteligencia emocional es ya parte de la formación de algunos niños y jóvenes.

Ser responsables de nuestras emociones, como adultos, hace que avancemos notablemente en nuestro entorno personal y laboral sosteniendo, apoyando, e impulsando a quienes nos rodean.

No dejes que las emociones te manejen o te roben energía.

Al contrario, conócelas, dales la bienvenida y escucha su mensaje para que te sirvan de impulso.

¿Cómo llegas al desgaste emocional?

El desgaste emocional no se anuncia y se esconde detrás de reacciones inesperadas, las tuyas y las ajenas.

Un día te sorprendes gritando, con palpitaciones o rompes a llorar y no sabes ni por qué.

Aunque, en el fondo, sí que fuiste oyendo señales que decidiste ignorar, de forma inconsciente probablemente: esa bola en el estómago, esa ansiedad de domingo, esas ganas de salir corriendo.

Y solo cuando empieza a afectarte personal o laboralmente, te decides a actuar.

¿Por qué no prevenirlo?

Porque lo más probable es que no se trate de algo que se haya desarrollado en un mes sino que lleva más tiempo latente.

Algunas claves para identificar comportamientos que te llevan a ese desgaste no anunciado:

 

  • Te cuesta poner límites o decir no y acabas haciendo más de lo que puedes.
  • Te crees eso que te dice tu cerebro: «Yo soy así, soy incapaz, no puedo»
  • Buscas la aprobación ajena a cualquier precio, incluso el de tu salud.
  • No te concedes el derecho a cambiar de opinión y te obligas a hacer cosas que no quieres.
  • Prefieres evitar el conflicto y, a cambio, soportas situaciones personales y profesionales insostenibles.

 

Las consecuencias de estos y otros comportamientos son el desgaste emocional debido a una carga excesiva de responsabilidades que no te corresponden, tanto en tu vida personal como profesional y que te llevan a la frustración, la desmotivación, incluso al estrés o la ansiedad.

El desgaste emocional no se anuncia, se sufre. 

¿Cómo aumentar tu bien-estar y evitar el desgaste emocional?

Espero que después de este artículo hayas entendido que cada persona es responsable de su propio bien-estar y que podemos hacer más de lo que imaginamos para que las situaciones en las que nos sentimos bien sean cada vez más numerosas.

Se trata de un proceso y un entrenamiento diario con grandes recompensas.

Algunos comportamientos que aumentan tu bien-estar:

  • dedicas tiempo a conocerte más y mejor
  • te celebras más de lo que te juzgas
  • aprendes de tus errores
  • escuchas lo que te dices y cómo lo haces
  • empatizas con tus miedos, los retas y aprendes a manejarlos
  • descubres el mensaje de tus emociones
  • dedicas tiempo a lo que te hace disfrutar y fluir
  • disfrutas de relaciones gratificantes

Por último, cuando conectas con lo que haces como persona y como profesional, le habrás dado un significado importante a tu vida que mantendrá tu motivación incluso en momentos difíciles. 

Recomendaciones finales

Si te propones empezar a conocerte mejor,  puedes empezar por  este curso, que puedes hacer por tu cuenta, a tu ritmo.

Y si quieres acelerar el proceso puedes agendar tu cita para la primera sesión de descubrimiento en la que veremos en qué punto estás y cómo te puedo ayudar a encontrar la forma de estar-bien, de evitar el desgaste y de avanzar en tu carrera y en tu vida.

Déjame un comentario para saber qué es lo que más te ha ayudado o para compartir tus dudas. 

Soy Mercedes Caballer, mentora de vida

Trabajo bajo el agua, en un lugar donde hace mucho frío. Concretamente, en la base de un iceberg. Allí observo todo aquello que tú no ves: los patrones mentales y emocionales que hay detrás de tus palabras, tus gestos, tu lenguaje no verbal… Todo eso que me habla de tus creencias, tus valores, y tus motivaciones. Y sí, las creencias pueden ser potenciadoras o limitantes.

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