Resiliencia, aprendiendo de las palabras

 

 

 

¿Recuerdas qué asignatura te gustaba más en el colegio?

Probablemente la que te parecía más fácil, ¿verdad? ¿O tal vez aquella que resultaba más entretenida gracias a las historias que salpicaban las explicaciones? Es posible, incluso, que recuerdes alguna.

Hoy te escribo sobre palabras, pensamientos, emociones, y la relación de todos ellos con tu bienestar.

Agradezco esta inspiración a @Mónica Galán Bravo, a la que escucho siempre con mis cinco sentidos, como escuchaba las clases de literatura española de aquella profesora, aún recuerdo su nombre, Carmen Latorre, que nos contaba la historia de amor entre un profesor de francés y la sobrina de la dueña de la pensión en la que se alojaba. Sí, en esa ciudad que baña el Duero, cercana a pinares grandiosos. En efecto, estoy hablando de Machado y de Leonor, y de esos versos que el poeta le dedicó desde esa otra colina, la que hoy ocupa el parador, desde la que divisaba el cementerio del Espino, donde tuvo que dejarla años después.

Una comunicación eficiente

Elegir las palabras precisas para cada audiencia, el objetivo de nuestra conferencia o curso, la estructura, los momentos de cambio, las emociones que conectan, el ritmo, el tono, el lenguaje no verbal que lo acompaña. Todos ingredientes necesarios para un libro, para un curso, para una conferencia. Para interesar a la audiencia, motivar y cautivar. Sin olvidarnos del más importante, mostrarnos de forma auténtica, para no perder la atención de la audiencia.

Si además le ponemos emoción a través de una historia personal conseguiremos que nos escuchen con atención y nos recuerden.

Y para ser auténticos y para transmitir emoción es esencial saberse comunicar con uno mismo, para lo cual es imprescindible conectar, conocerse y liberarse de miedos, creencias y obstáculos. Esa es la sensación cuando veo a un nuevo cliente acabar su proceso de coaching mucho más ligero de equipaje, sí, acudo a Machado de nuevo. Esos lastres que se encuentran por debajo de la línea flotante del iceberg, del que tanto hablamos en el mundo del coaching.

Hay palabras que cambian tu vida, otras que la detienen, unas que te impulsan y otras que te frustran.

Capacidad de elección y la PNL

Y hay una capacidad del ser humano mucho más grandiosa, aquella de elegir cómo pensamos, cómo sentimos y cómo lo expresamos, incluso si es solo con nosotros mismos, como recordaba recientemente @Mario Alonso Puig con relación al famoso libro de Viktor Frankl, y la conocida película del gran Roberto Benigni, basada parcialmente en la experiencia de un librero judío, y del propio padre del director. Su emocionante escena saltando por encima de las butacas para recoger el Oscar al mejor actor, es difícil de olvidar https://www.youtube.com/watch?v=8cTR6fk8frs

Elegir en qué nos queremos enfocar estos días, es decisivo para sostener el estado de ánimo que todos necesitamos para salir adelante y no quedarnos estancados en la tristeza, en la ira, o en el miedo. Es necesario dejar salir esas emociones, aceptarlas, y aprender a manejarlas para que no se produzca el síndrome post traumático del que tanto conoce @Frank Pucelik, psicólogo, uno de los fundadores de la PNL, y veterano de Vietnam, con el que he tenido el honor de seguir formándome gracias a @Enrique Jurado. Cuando comenzaron sus investigaciones se preguntaron “… cómo la gente que es realmente buena en algo a menudo tiene dificultades en enseñar a otros para que sean tan buenos como ellos”, entre otras cosas porque no saben cómo lo hacen.

En ese mismo artículo, Pucelik nos recuerda que “la lingüística afecta a las neuronas de la cabeza. Cómo hablas o piensas afecta.”. Y reconoce que “cualquier cosa que el ser humano construye, hace, aprende o crea, es un espejo del modo en que la mente trabaja. Si tu mente trabaja mejor, las cosas que hagas serán mejores. “  Y, finalmente, y esencial para el momento que vivimos, afirmaba que “Los humanos aprendemos a pensar individualmente, pero no somos individuales. Cualquier cosa que se haga afecta a todo el sistema. … Como humanos no podemos pensar individualmente porque si lo hacemos así, es el fin de la especie… “

https://elpais.com/elpais/2015/07/06/buenavida/1436183605_883192.html

Tus palabras y tu estado: dime cómo te hablas y te diré cómo te sientes.

Conocer lo que dicen tus palabras de ti, y decidir cómo quieres pensar, sentir y actuar es el final del círculo, el viaje de las palabras del que cualquiera se puede beneficiar de forma individual; y, en consecuencia, el sistema que lo rodea.

En estos momentos de cambio, yo recurro a las palabras, me comunico con cariño, con empatía, empezando por mí misma, eligiendo lo que digo, y por tanto como pienso, como siento y, finalmente lo que hago. Elijo con mucho cuidado también qué palabras y qué ideas dejo entrar a mi entorno.

Porque son esas palabras que te dices y las que escuchas sin filtrar, las que determinan tu estado.

Y nuestro sistema inmunitario depende de ello. Como ya mostró el conocido en el mundo de la PNL, Robert Dilts en su artículo relacionado con el sistema inmunitario, donde afirmaba “The field of psychoneuroimmunology is making many breakthroughs in the understanding of how the brain directs the immune system. Stress and emotional responses change chemical levels in the bloodstream that effect the functioning of the immune system. But immune cells also have been shown to respond directly to the same chemicals our brain and nerve cells use to communicate with each other.” Por tanto, las palabras determinan en gran medida nuestros pensamientos, nuestro estado de ánimo y, finalmente, nuestra salud. http://www.nlpu.com/Articles/article9.htm

Y ahora que llevo más de treinta años dedicada al mundo de las palabras, recordaba los grandes cambios de nuestra lengua, uno de ellos la distingue de otras lenguas románicas, la incorporación de la ñ gráficamente, que otras lenguas mantuvieron con las grafías dobles de la Edad Media. Un gran avance de los monjes escribanos que para ahorrar tiempo y espacio decidieron usar esa tilde para reseñar la duplicación, que sí mantuvieron otras lenguas.

A pesar de las intenciones de descartarla de los teclados en los años 90, la iniciativa de intelectuales y políticos hispanohablantes logró detenerla. El Tratado de Maastricht la salvó en 1993. Uno de ellos, y gran maestro de las palabras así lo expresaba:

“La eñe es un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otras lenguas sigue expresándose con dos” Gabriel García Márquez.

El día después

De esta forma, podemos elegir la magnitud con la que queremos imaginar el día después, no vaya a ser que nos ocurra como con el efecto Pigmalión.

  • Esta situación va a acabar con todo/Esta situación representa un reto.
  • La economía se va a ir a pique./Tengo salud, estoy agradecida, es lo primero, el resto lo iré manejando día a día.
  • La naturaleza nos ha castigado/Qué voy a hacer a partir de ahora para contribuir al equilibrio de mi entorno?

Tan solo unos ejemplos, unas cuantas palabras, y diferentes emociones que pueden ayudar a mantener la calma en tiempos de incertidumbre, a pensar con claridad, y aumentar la capacidad de resiliencia.

Sabemos que de crisis anteriores salieron grandes proyectos, mucha creatividad, una pizca de humanidad, y un par de puñados de generosidad. Una buena receta para cualquier situación que represente un cambio. Los españoles estamos demostrando los recursos que poseemos, de lo que somos capaces. Tal vez, en estos momentos, podamos unirnos para crear soluciones al día después:

Y, en mi caso, como no podía ser de otra forma, vuelvo a la ñ, esa que nos distingue y representa. Ella se salvó, un salto cultural, un avance, decía el maestro; lo breve, lo simple, permaneció. Tal vez sea el momento de seguir el ejemplo de las palabras, las grandes maestras de la adaptación al cambio.

Quizás pueda simplificar, observar mi vida desde fuera, como si de una pantalla de cine se tratara, bajar el volumen a las amenazas externas, y subírselo a mi voz interior, reflexionar y decidir, qué quiero hacer a partir de ahora, qué voy a sentir, y, sobre todo, qué palabras voy a usar.

 

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