Mi transformación convertida en misión

Durante muchos años la vida me llevó de la mano. Viví en otros países, crucé el Atlántico unas cuantas veces, comencé de nuevo en algunas ciudades. Y seguí el camino marcado, estudios, trabajo, familia… Hasta que un día, tuve que enfrentarme a un momento de crisis y parar. Me había perdido siguiendo a otras personas, siendo lo que yo pensaba que otras personas esperaban de mí. Buscaba su cariño y su reconocimiento, olvidándome de qué era realmente lo que yo quería y quién era.

Fue entonces cuando una sabia amiga me hizo recordar quién era yo en esencia. Desde ese momento, he seguido preguntándomelo, escuchando, leyendo, formándome. Y así me he deshecho de esas capas en las que nos envolvemos. Sí, se trata de protección en muchos casos, de miedos. Hasta que he logrado reconocer, de nuevo, mi esencia y mi talento. Es muy gratificante experimentar esos cambios en otras personas, verlas volar, desplegar sus alas y cumplir objetivos, sueños. Ahora sé que todo ese camino me ha llevado hasta aquí para ayudar a otras personas. Por eso ahora me dedico a iluminar el camino de otras personas. Y lo hago sobre esa carroza de agua para que salgan a flote sus talentos, sus sueños y se expandan como la espuma de las olas.

Como escribo en mi recién estrenada novela El círculo de las caracolas, la vida es como una caracola, y hay que volver al centro nacarado, hay que hacer ese camino en espiral hacia nuestra esencia para después poder volver hacia afuera.

RECUERDA TU ESENCIA

 

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